Nost…

Y aparece en la TV una imagen de aquel héroe: Héctor Espino. Se me viene a la mente mi padre, las noches de la casa llena de beisbolistas, el Buzo, el Agujita, aquellos beisbolistas que por alguna extraña razón estaban en casa tomando cerveza, también vino a mi mente aquella noche en que el gran Héctor Espino jugo su ultimo partido con los Naranjeros, donde lo dejaron batear su ultimo Home Run el cual celebro dando no se que tantas vueltas al diamante mientras la multitud le aplaudía, y yo veía todo sentado desde los hombros de mi padre quien creo que aplaudía mas fuerte que cualquiera en el estadio, era su héroe, lo idolatraba como a nadie mas, se le llenaba la boca cada vez que decía su nombre.
Recuerdo muy bien cuando me decía: el día que sientas ese calor por el cuerpo que se siente cuando le das a la pelota con el bat y sabes con el sonido del golpe que esa pelota se va a ir mas allá de la barda, vas a saber lo que es emoción, adrenalina… nunca lo he hecho, nunca fui un buen beisbolista.
Me hubiera gustado ser todo lo que el tenia esperado para mi, pero como todo buen hijo, fui todo lo contrario, entre a todos y cada uno de los cursos de verano, beis ball, fut ball, natación, básquet ball, todo… y nunca llegue a ser lo que el esperaba, su Héctor Espino.

 

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