Estaba yo en la secundaria, muchos cambios se presentaban en mi cuerpo y ya no podía jugar tenis, ni montar a caballo tan seguido… bueno… había muchos cambios, era un escuincle que ya medía 185 cm mientras los demás no pasaban de 165 cm.
En la escuela donde estaba, la Secundaria Técnica N°31, la cultura y esas cosas no eran muy apoyadas que digamos, teníamos una clase de danza, donde se bailaba el paso doble, la danza del venado y quien sabe que cosas más, con botines negros con tachuelas encajadas en la planta de los tacones y tenábaris hechos de fichas de soda dobladas a la mitad cosidas en calcetas. Todo apoyada con la clase de dibujo técnico, donde el primer maestro había sido acusado de acoso sexual por dos muchachos en la Secundaria N°4 y golpeado hasta cansarse por otros cuatro muchachos del CBTIS 206 (también conocido como el CBTIS desierto 6) que ya estaban cansados de sus insinuaciones y nadie les había hecho caso.
En mi salón éramos muchos personajes extraños los que le poníamos sabor a las clases, entre estos, existía el gordito, bonachón, afeminado, el cual era acosado y maltratado por todos, no había quien no le hiciera daño, se burlara de el o simplemente le diera un sope diario, pero él se lo ganaba, era el clásico ñoño que se alegraba en los exámenes, pedía mas tarea, pedía leer primero, nos recitaba poesías, pasaba al frente a hacer los honores a la bandera, era el que dirigía la escolta, siempre salía exento en los exámenes finales, terminaba todos los ejercicios primero y era amado por todos y cada uno de los maestros de la escuela y áreas circunvecinas, total, un Mártin cualquiera.
En uno de esos días en que en la clase de Español, el muchachito llevo un poema para leernos en la clase (quisiéramos o no), al principio, como de costumbre no puse atención, después de 15 minutos que seguía y no se le veía fin al muchacho hable y hable, recite y recite, lanzando los brazos al aire y quebrando la voz de pasión, trate de poner atención, escuchaba cosas como:
“Yo me puse muy gira y le dije: qui aunque probe, me daba mi prieto pa presumir mucho y andar diariamente con el zagalejo muy lentejueliao y cada semana con rebozo nuevo”
Mi mente, se fijo en lo que decía, palabra por palabra iba tratando de entender de que hablaba, hasta que por fin me conecte, veía lagrimas contenidas por sus parpado, a punto de derramar convertir su rostro en un mar, yo no pude contenerlo y solté la carcajada, no podía contenerme, las lagrimas se me salían, una por palabra que decía, una por sollozo que emitía, el maestro trato de regañarme pero yo no podía parar, por fin, termino de declamar y se termino la clase, todos salieron menos yo, el maestro me puso como castigo limpiar todas las paletas los mesa-bancos del salón y todo termino ahí, todos sanos y salvos. El real problema fue cuando el mismo tipo, recito o declamo la misma poesía un 14 de febrero, día del amor y la amistad en mera ceremonia de honores a la bandera, solo con escuchar los primeros versos comencé a reír y de ahí a carcajear, lo bueno que no fui el único, me acompañaros varios compañeros, que después de tomar distancia con el brazo extendido en fila por tamaño se contagiaron y comenzamos a reír al compas de las frases y explotamos cuando escuchamos:
¡cómo uno es mujer! Chacho, ¡qué caray!
y el miedo dizque no anda en burro
Ahí si, nos castigaron, bien castigados, no sé qué tanto tiempo fue pero todos los días antes y después del receso nos podían ver limpiando las chanchas de basket con unos trapos empapados de aceite amarrados de un palo de trapeador. Lo más impresionante de esto que se puede llamar anécdota, es que el este personaje, después de todo lo que sufrió de nuestros maltratos, termino siendo el defensa estrella del equipo de Fut Americano de la UNISON, mide lo mismo que yo pero él hace ejercicio y fácil me pega la arrastrada de mi vida, pero para eso, tiene que encontrarme.Por si el interés, el poema que recitaba el imberbe, es: La Chacha Micaila de Antonio Guzmán Aguilera