Delicias
Tengo 2 días en Delicias, Chihuahua, es algo parecido a Navojoa, Sonora. Nada más que por ser este otro estado, todo mundo habla extraño o tiene ideas extrañas como en vez de decir: son ciento-treinta de feria. Dicen: son cien treinta de cambio, y cosas por el estilo que me asustan, al igual que el acento que se machucan por acá, es como spanglish pero muy, muy achilangado. En fin, la ciudad es un poco aburrida y trata de ser entre una gran ciudad y un pueblo, como Hermosillo o Cd. Obregón (¿se nota que extraño Sonora?) es extraño.
Por el mismo aburrimiento que sufrido su servidor, este, después de 5 horas de estar tirado en la cama viendo la TV, se levanto, se rasco los huevos y se asomo por la ventana de la habitación 208 dibujando su silueta deforme apuntando (con el brazo) al billar frente al hotel, indicando esto la misión a cumplir durante la tarde: jugar billar, tomar cerveza y… jugar billar y… tomar cerveza.
Primero había que tantear el terreno, el billar se encuentra en la esquina de una plaza comercial, sin mostrar obviedad, paso caminando por la esquina del local, mirando solo de reojo, un par de mesas con changos disfrazados de ejecutivos, del alguna empresa “importante”, unos muchachitos jugando billar y otra mesa de mujeres de muy mal ver, todas con su uniforme de Novartis, seguí mi caminar y le di la vuelta a la plaza, viendo los demás locales, ya cerrados, y de vuelta entre y me senté en la barra, el primero indicio de valemadres, fue que no tenían cerveza Indio, en fin, una Victoria, era una combinación de Chiltepinos y Gatopollo, cuando intente ordenar algo de botana, pedí la carta, pero las moscas no me permitieron ver el menú, solo con las fotos se empezaron a remolinar una a una. No hay problema, todo bien, solo con que no se metieran con mi cerveza.
Ya con la cerveza a la mitad, me tome el tiempo para ver alrededor, ya había llegado más gente pero la música de Bahiano en mis oídos no me había permitido darme cuenta, me quito los audífonos y junto a mí a la derecha, dos muchachos, no muy masculinos que digamos, los escuche hablar y no salían de la batalla que les había costado peinarse de esa forma, de que la plancha de uno ya no estaba calentando como antes y que el gel del otro ya no se lo ponía tan duro como antes, quiero pensar que hablaban del cabello.
Con miedo a encontrarme con lo mismo, tres muchachitos de no mas de veinte años, consolaban a un cuarto que les contaba con la voz entrecortada el martirio que estaba sufriendo con su nueva jefa en la estética donde trabajaba.
En ese momento no supe si correr, levantarme silla en mano y soltarme tirando golpes o pedirles consejos para un nuevo look.
Lo más divertido es que durante los lentos minutos que pasaban mientras me terminaba la cerveza, pagaba y me retiraba del lugar con la espalda pegada a la pared, no podía sacarme de la cabeza el corito de esta canción.
Veo Muertos – A mi me gustan los hombres